
Una infancia cuyo ecosistema fue la delincuencia, las drogas y los conflictos de la calle.
Rebelde con el sistema educativo durante toda la adolescencia, con grandes conflictos emocionales y perdido sin rumbo. Todo apuntaba a una breve vida cuyo final sería alguna cárcel o el cementerio.
Una decisión cambió el rumbo de mi vida que sin tan siquiera ser mayor de edad, con apenas 17 años, me alisté en el Ejército. Pasé mas de 5 años en la 2ª Bandera de Paracaidistas, Roger de Lauria. Allí forje mi personaje, ganándome el respeto de mis compañeros gracias a mis acciones, pero la rebeldía seguía siendo una seña que me marcaba en cada experiencia que viviría los casi 5 años que permanecí en la Brigada Paracaidista.
En 2007 participé en la Operación Libre Hidalgo II, donde por desgracia fallecieron 6 compañeros de la 7ª cía.
Aquel suceso, lejos de amedrentarme, encendió la llama del ardor guerrero que me empujó a acabar unos años mas tarde en operaciones especiales.
Lograr finalizar el curso de operaciones especiales fue el hito mas importante de mi carrera profesional, y probablemente de mi vida, pues allí forjaría el Guerrero que soy en el momento presente de escribir estas páginas.
Durante mas de 10 años serví en el mismo equipo operativo, el Equipo Operativo 42, en 2 fases diferentes, de 2011 a 2015 con un broche final en esta primera etapa en la misión mas operativa que ha desarrollado el Mando de Operaciones Especiales en Republica Centroafricana. Tras finalizar esta primera etapa tuve una pausa en la que fui destinado en el Cuartel General de la Brigada Paracaidista. En esta pausa, caí en depresión y pude comprobar una cara de las fuerzas armadas para mi, desconocida. Funcionarios de verde sin vocación cuyo objetivo era la ley del mínimo esfuerzo. Oficinas, ordenadores, burocracia y hasta casos de corrupción en el Estado Mayor hicieron que cayera en depresión y cuando parecía que iba a licenciarme del Ejército, conseguí volver en 2019 al Mando de Operaciones Especiales; esta vez, de cabo primero.
En esta segunda etapa hubo un suceso en 2020 que cambió por completo mi forma de entender la realidad en la que vivimos. La pandemia me hizo tocar fondo, o eso creía yo… Fue en este acontecimiento mundial cuando mi mente despertó.
Tomé conciencia del mundo en que vivimos y fui consciente de que realmente había seguido con egoísmo mi camino personal del Guerrero. Durante la Plandemia, fue cuando me di cuenta que no atendíamos a los intereses de la Nación Española, sino a los propios de una Elite corrupta que solo pretendían perpetuar un sistema de esclavitud cuyos cómplices necesarios éramos las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Me di cuenta que había sido un peón, un borrego, una persona sin cuestionamiento cuya obediencia debida me llevaban a obedecer sin cuestionar.
Aquí fue cuando decidí que no obedecería a cualquier precio. Empecé a disentir cualquier orden que no atendiera a los intereses de los ciudadanos, o de la Nación, no obedecería cualquier orden que fuera en mi perjuicio, el de mis compañeros o de la unidad. Empecé a enfrentarme a los diferentes Jefes que iba teniendo cada vez que no comulgaba con directrices corrompidas por las cúpulas de poder de la Unidad. Decidí que no me inocularía la mal llamada vacuna COVID y eso me causó que me apartaran de formación paracaidista o me sacaran de despliegues en misiones internacionales. Pero había cosas mas importantes por encima de los logros profesionales; mi honor y mis principios se mantenían intactos.
Aquí es cuando me di cuenta del Guerrero que llevo dentro. Así pues, decidí aportar mi grano de arena donde consideraba que podría plantar semillas de conciencia en las nuevas generaciones que estaban por venir al MOE. Serví como profesor del Curso de Operaciones Especiales, y por casualidades del destino tuve un capitán honorable que luchó porque le acompañara a la misión de Irak. Fui el primer militar que podría desplegar sin la “vacuna” COVID.
Esta misión, no era una misión como la de África de combate. La misión consistía en asistencia militar a las Fuerzas de Operaciones Especiales iraquíes. Además la misión se encontraba en un punto en el que apenas había enfrentamientos armados y España, además, no tenía una participación activa en el combate. Estábamos allí para cumplir los compromisos en números que el Ministerio de Defensa tenía con la coalición liderada por EEUU y apenas éramos unos actores secundarios sobre el terreno sin medios, ni iniciativa.
Allí desarrollé lo que sería mi obra literaria disidente poniendo fecha límite a mi servicio con las Fuerzas Armadas. Pero el destino quería ponerme a prueba una vez mas. Ocurrió una desgracia en nuestra Nación.
La mal llamada DANA, mas bien, riadas de Valencia en 2024, donde se suponía que por fin en mi carrera profesional, pondría a prueba el principal motivo que lleva a todo soldado a alistarse, la vocación.
Lejos de poder ayudar, lo que allí sucedió fue la constatación empírica de que el Ejército no está para ayudar a su población sino para ayudar a los políticos y mantener el estatus de las cúpulas corrompidas por el poder. Allí pude darme cuenta de la realidad que supone ser la herramienta política de unos corruptos y donde toqué fondo a nivel profesional. Los eventos que allí ocurrieron me han llevado hasta el momento presente y si quieres saber toda la historia, te invito a que me acompañes en la experiencia en primera persona vivida por un operador disidente.