Fase Básica del Curso de Operaciones Especiales
En Junio de 2011 comencé la formación mas importante de mi vida. Logré superar las pruebas de acceso para comenzar el curso de Operaciones Especiales.
Comenzamos un centenar de aspirantes la Fase Básica (6 meses) en la que destaqué en la Fase de Topografía, ya que en los paracas, ya había mostrado aptitudes en la orientación y conocimiento del terreno. Continuamos con la fase de endurecimiento (ITC, Instrucción, Táctica y Combate) en la que no dormíamos mas de 3h seguidas durante 2 semanas. No te cambiabas de ropa en 10 días y el aseo era que te mojaran los instructores con una manguera, para después, pelarla de frío durante toda la noche. Por las noches te despertaban con alarmas continuamente y te exigían estar listo en apenas 2 minutos. Volvías a la tienda y al momento de nuevo te despertaban para iniciar una carrera nocturna. No teníamos relojes y el amanecer marcaba otro nuevo día, donde el inicio del día, era marcado por las reptadas por el barro y las tablas de combate. Porteos de troncos, rocas o compañeros a cada rato y en apenas 1 minuto teníamos que comer. Jornadas de tiro exhaustos e instrucción de patrullaje nocturna pusieron fin a una fase de las mas duras a nivel físico y mental que un ser humano puede soportar. Esta fase finalizaba con una marcha con mochila de vuelta al cuartel de Alicante desde Agost que pareció el camino de Frodo al Monte del Destino en el Señor de los Anillos…
Tras esta dura fase tuvimos que soportar la Fase de Supervivencia, cuyo comienzo iniciaba con un trato a prisioneros (POW Prisoner of War) Durante mas de 24h éramos privados sensorialmente de los sentidos; con los ojos vendados y escuchando rezos del Corán, llantos de bebés, música árabe… perdíamos la noción del tiempo en posiciones incómodas, de rodillas en un zulo oscuro donde todos meábamos en el mismo cubo (alguno hasta cagó)
Un olor nauseabundo recorría ese zulo oscuro con música psicodélica y éramos cambiados de posiciones incómodas cada cierto tiempo, de rodillas, en cuclillas, con la cabeza contra la pared… de vez en cuando desfallecías y te despertaban con un jarro de agua fría, o peor aún, algún golpe o collejón. La única comida que tuvimos fue una mezcla de papilla compuesta por las raciones de combate trituradas en una masa asquerosa agria. Solo interactuábamos para interrogarnos y demostrar que habíamos aprendido las teóricas de como alargar nuestro cautiverio para aumentar nuestras probabilidades de escape.
Al finalizar esta fase nos trasladaban a una zona boscosa en el interior de la provincia de Valencia, simulaban que nos habíamos escapado para continuar con la conocida fase de supervivencia en la que nos ganábamos el apodo de “Matapollos”
Fase de Supervivencia
Fueron 10 días, incluyendo el día previo de POW. En esta fase perdí 7 Kg, pero me pareció apasionante. Yo iba mentalmente muy preparado y tenía ganas de realizar esta fase, pues uno de mis ídolos era Bear Grylls. Incluso me había comprado para esa fase su machete.
Esto no quita que fuera duro y exigente. Incluso llegué a enfrentarme con mi compañero de patrulla violentamente y tuvieron que separarnos, le recriminé su pereza, y le ordené que fuera a por leña para avivar el fuego, se negó porqué estaba débil, y me insultó. En ese punto y ante la irritación le propiné un empujón y seguidamente insistí en golpearle, pero los compañeros de alrededor nos separaron. Después nos disculpamos… En ese estado cualquier comentario podía desatar el enfado. Cuando estas en ayuno continuo y lo único que comes son hojas y vísceras el humor cuesta sacarlo a relucir.
Hacíamos talleres para aprender a sobrevivir. Accesorios como una caña de pescar, una bota con un trozo de neumático, hornos de barro para hacer un pequeño bollo de pan, ahumar carne (que no nos dejaban comer) recolectar vegetales comestibles, hacer trampas, hacer cuerdas con esparto… un sinfín de tareas donde cada movimiento suponía un desgaste extraordinario. Ir a por leña era una odisea y la debilidad nos convertía en zombíes andantes. Caminar apenas 10 minutos parecía eterno y aguantar despierto en las teóricas era un reto.
Algunos compañeros tenían errores que pagaban con un baño gélido de un río cercano en pleno mes de noviembre. Allí pasé mi cumpleaños y no hubo tarta para celebrarlo, pero fue una de las experiencias mas enriquecedoras de mi vida.
Matamos un conejo y una gallina cada patrulla de la manera que imaginábamos. Mordiendo el cuello del pollo hasta arrancarle el esófago con tus propios dientes, mientras el animal intenta escapar, tu boca rezuma la sangre ante la mirada atónita de los compañeros.
Esta fase era la penúltima del curso básico. Estábamos a pocas semanas de conseguir nuestra querida boina verde y convertirnos en Guerrilleros.

Prueba de la Boina
Tras haber concluido 6 meses de curso y haber realizado todas sus fases, Topografía, ITC, POW, Escalada, Supervivencia, Paracaidismo (esta última yo no tuve que hacerla porque ya venía de la BRIPAC) Solo nos quedaba una útima evaluación donde se ponía a prueba todos los conocimientos adquiridos. Era un carrousel de 1 día completo. Empezábamos haciendo nudos, técnicas de orientación, rapell, marcha con equipo, Técnicas Tácticas y Procedimientos aprendidos (TTP´s) Era un mero trámite donde nos evaluaban y así nos podían posicionar para tener el ranking que nos permitía elegir destino. Al finalizar esta fase, nos entregaban nuestra querida boina verde y tras elegir destino, recibíamos nuestra insignia que nos marcaba como Guerrilleros.


